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Notas y artículos
“El Club Cóndor de Astra” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Maggiori   
Jueves, 23 de Junio de 2011 01:13

“El Club Cóndor de Astra”

 

            En noviembre del año 2001 el diario “Argentinisches Tageblatt” de Buenos Aires publicaba un breve artículo de Heinz Lehrke en memoria de Francisco Allesch, el fundador del Club Cóndor en Astra. Heinz, había formado parte de esos primeros aficionados a volar en planeadores que en el año1934 se reunieron bajo la atenta supervisión de Allesch, en el campamento petrolero de Astra en Comodoro Rivadavia.

            Las referencias del campamento Astra con la aviación no comenzaron con Allesch, si nos atenemos a los primeros antecedentes, no podemos dejar de mencionar allí en octubre de 1928, la presencia del piloto alemán Gunther Plüschow. Plüschow se había destacado como piloto en la Primera Guerra Mundial y en 1927 partió con el velero “Feuerland” y cruzó al Atlántico en dirección a América del Sur. En su derrotero hacia el Sur tocó pocos puertos, uno de ellos fue Comodoro Rivadavia. Luego de su estadía en Astra siguió viaje al Estrecho de Magallanes y allí realizó vuelos y filmaciones que recorrieron el mundo. Allí en Astra, el día 8 de mayo tendremos ocasión de ver una de ellas.[1]

            Con los valiosos datos aportados recientemente por Heinz Lehrke para este trabajo y el material encontrado durante todos estos años al investigar sobre la colonización alemana en Patagonia, es que ahora reconstruiremos cómo y con quienes fue que sucedió todo alrededor de ese importante club de vuelo hoy casi olvidado.

            Francisco Allesch nació el 10 de setiembre de 1903 en Viena. Sus estudios se orientaron a las ciencias económicas y contabilidad. Por las muy difíciles condiciones económicas en Europa después de la Primera Guerra Mundial, Allesch decidió emigrar a temprana edad. En 1923 llegó a Argentina e ingresó a la Compañía Petrolera Astra cerca de Comodoro Rivadavia. Astra todavía era una compañía con capitales alemanes y entre su personal había una gran cantidad de empleados de ese origen.

            Por su afición a la aviación, Allesch se relacionó tempranamente con los pilotos de la Aeroposta Argentina, que ya en 1930 esta empresa unía en vuelos comerciales Buenos Aires con la Patagonia. Esta compañía cumplía regularmente su ruta, a pesar de las difíciles situaciones de vuelo y de las extremas condiciones meteorológicas en que debían realizar el largo trayecto. Esta relación humana se fue profundizando y desarrolló en Allesch su entusiasmo por la aviación deportiva, cuya dedicación transcurriría durante toda su vida.

            En los inicios el club se llamó “Club de Planeadores Astra” haciendo honor a la firma que les había dado origen, pero luego les pareció más apropiado buscar otro nombre y surgió la idea de llamarlo “Cóndor”, por ser el ave que vuela con más parecido a lo que es un planeador. Según información recogida para este trabajo, el primer planeador fue adquirido al constructor alemán Gerhard Fieseler de Kassel;  se trataría de un modelo “Kassel 12A”. Mientras tanto los socios del club en Astra preparaban una pista de doscientos metros en un terreno cedido por la empresa, también se construiría un pequeño hangar.

            De acuerdo a información solicitada a Heinz Lehrke, los socios fundadores que acompañaron a Francisco Allesch en el club de Astra fueron: Carlos Jorge Brinke, Mateo Ebert, Carlos Garske, Mateo Muellner, Adolfo Schartel, León Hertlein, Germán Boerding, Antonio Scherer, Rodolfo Horwitz, Pedro Schwartz, Miguel Vogl, Otto Bechler, José Allesch y Christian Lehrke. Luego se unieron Heinz Lehrke, Federico Franck, Solveig Wallem e Hilda Frank.

            En el diario alemán “Argentinisches Tageblatt” Lehrke relataría qué:

            “En conjunto con otros quince empleados de la compañía Astra, a quienes supo contagiar su entusiasmo, Allesch logró comprar en 1934 un planeador primario y así fundaron el “Club de Planeadores Cóndor”. Esta decisión era realmente sensacional en aquel entonces, porque: “cómo sería posible volar sin motor en la Patagonia, conociendo los vientos huracanados habituales”.

            Pero Allesch conocía la ruta. Había estudiado en detalle los libros y revistas alemanas de aquellos tiempos, en todo lo referente a la meteorología y las condiciones para realizar vuelos a vela en colinas o en térmicas. Trasladó estos conocimientos a la práctica con gran pasión y verdadera maestría. Ya en el primer año, en 1935, Francisco Allesch logró volar el record argentino de permanencia volando sobre colinas, con un vuelo de una hora y ocho minutos.

            Considerando las frecuentes roturas del planeador durante las practicas de los pilotos y alumnos y para lograr que la vida del club no dependiera de un solo avión. Allesch recomendó a sus compañeros la construcción propia de otro planeador primario con mayor rendimiento. Se logró el asentimiento entusiasta de todos, porque las pobres finanzas del Club no hubieran permitido afrontar la compra del planeador. Colaborando entre todos se estudiaron planos y manuales de construcción, comprando con verdadera avaricia los materiales: madera, tela, maderas terciadas, cola, chapas de acero, cables, etc. Bajo la dirección incansable de “don Francisco” se trabajó intensamente y sin respetar horarios. En el Club los socios se esmeraban atendiendo el serrucho, cepillo, lijadora, encolando, curvando, soldando, trenzando, entelando, endopando, barnizando, etc. etc.”  

            Para la primavera de 1937 el nuevo planeador estaba listo. Se trataba de un modelo “Rhön”- “Hols der Teufel” que bautizaron “Patagonia”. Según Lehrke: “…un verdadero producto de la industria de aficionados germano – argentinos”. Naturalmente que le correspondió a Francisco realizar las primeras pruebas de vuelo, las que resultaron positivas. Como consecuencia, se logró batir los records de vuelo en permanencia, durando dos, tres horas o más. Con este planeador, Allesch logró realizar un vuelo especialmente destacable, teniendo en cuenta las difíciles condiciones meteorológicas en el sur de nuestro país. Durante un día soleado y sin vientos, logró aprovechar las excelentes condiciones térmicas reinantes, ascendiendo aproximadamente unos 1200 metros, hazaña realizada en planeador primario y sin ayuda de instrumentos. Al cumplir los 34 años Allesch fue nominado “padre del volovelismo patagónico”, su incansable actividad, lejos de su patria seguía los pasos que quince años antes habían marcado los pioneros alemanes de vuelo sin motor.

            El traslado de los planeadores se realizaba con un automóvil marca Ford, propiedad de Allesch, vehículo que estaba modificado para remolques. En 1997 una publicación de Comodoro Rivadavia alusiva al Centenario de la ciudad decía que “…la espina dorsal del club es Heinz Lehrke”. Entre sus discípulos había dos mujeres, que de acuerdo a la lista de socios, una era la noruega Solveig Wallem y la alemana Hilda Frank. Para 1937 los socios del club ya tenían un “Himno al vuelo a vela” que entonaban en cuanta oportunidad se les presentaba.

            Llegó el año 1938 y los aires que se respiraban en el mundo comenzaron a contaminarse con los sucesos políticos que llevarían a la Segunda Guerra Mundial; la Patagonia por más lejana que parecía no estaba aislada de estos acontecimientos.

Por lo tanto miles de ciudadanos alemanes residentes en Comodoro Rivadavia comenzaron a ser vigilados y despedidos, debiendo reestructurar sus vidas, abandonar los campamentos y buscar alguna otra actividad alternativa o dejar la ciudad definitivamente y radicarse en otros lugares.

Francisco Allesch no fue ajeno a estos acontecimientos, como alemán debió ser despedido y abandonó el país en 1938, continuando su trabajo en los yacimientos petrolíferos de Bolivia. Hilda Frank se trasladó a Alemania logrando incorporarse a la fuerza aérea del Tercer Reich, donde se dice que solo pudo realizar vuelos fuera de las líneas de combate.

En 1939 el “Club de Planeadores Cóndor” se había trasladado a la localidad de José León Suárez en la Provincia de Buenos Aires. En Buenos Aires Allesch también se desempeñó como docente en materias económicas. Para entonces en el club ya participaban los nuevos socios Eva Peters, Teodoro Henning, Francisco Holzmann (h), Gisela Hilger, Rodolfo Hilger, Marcelo Rietz, Alfredo Huber, Ernesto Mueller, Gerardo Raupenstrauch, José Allesch, Christian Lehrke y Francisco Bobzin.[2] En esta localidad los socios construyeron otro planeador, en este caso un modelo “Grunau 9”, que luego fue modificado y quedó como un “Grunau 9-A”. Así como en Astra se habían destacado las pilotos femeninas Wallem y Frank, allí en José León Suárez lo harían las pilotos Gisela Hilger y Eva Peters. En 1974 ingresa al club Oscar Benudes.

A principios de 1949 el club debió cambiarse a la localidad de Merlo, compartiendo aeródromo con el “Club Albatros”. Allí el instructor fue Claus Haberle.

A fines de 1944 Allesch se había radicado con su familia en Mendoza asumiendo la dirección de una empresa. Su esposa era Elena Fenner, con ella tuvo dos hijas. Elena descendía de dos pobladores de la zona del Senguerr: Herminia Beherens y Kurt Fenner. Elena era hermana de Erika Fenner radicada en Comodoro Rivadavia y con quien mientras vivió tuve ocasión de obtener los primeros datos sobre este tema. 

Luego vendrían otros cambios y con ello, nuevos socios se incorporarían. Así en 1953 se unió al club Allois Urbancic, de quien los socios destacan su actuación dentro del club. En 1963 el “Club Cóndor” logra ser sede del campeonato mundial de volovelismo, evento que se realizará en la localidad de Junín, provincia de Buenos Aires. En el año 1973 comienzan a ver la posibilidad de trasladarse a San Andrés de Giles. En 1974 el predio del “Club Cóndor” fue expropiado por el ejército y debieron trasladarse a Zárate, a la altura del Km. 88 de la ruta Panamericana. Ese mismo año ingresa el socio Oscar Benudes, que junto con Urbancic, serán destacados especialmente en un artículo sobre el club, aparecido en la revista “Alas”.[3] Entre los últimos instructores de vuelo estaba Carlos Niebhur. En 1975 se acercaría al club Rolf Hossinger, uno de los más grandes pilotos de vuelo a vela en el mundo, quien además fue campeón de vuelo en Alemania en 1960.

Según Lehrke: “Francisco Allesch tenía una personalidad dinamizante para convocar a la acción en conjunto, bajo el manto de forma de trato serena y reflexiva. Ninguna meta le parecía imposible. Supo formarse a si mismo como piloto, instructor de vuelo, constructor de aviones, directivo de empresas y sociedades, periodista deportivo, etc. Desde su residencia en Mendoza el fallecido don Francisco siempre seguía dispuesto a colaborar, asesorar a los volovelistas más jóvenes. Tanto en el Club Albatros como en el Cóndor fue nombrado socio honorario por unanimidad. Todos los que conocieron a don Francisco Allesch lo recordarán siempre con gran consideración y respeto.”

Francisco Allesch falleció el 6 de octubre del 2001 a la edad de 98 años.[4]

 

 



[1] Ver los artículos sobre Plüschow de mi autoría aparecidos en la revista “Inmigración e identidad” N° 28 y   38 editados en Comodoro Rivadavia.

[2] Todos ellos recibieron antes del 30 de junio de 1943 como pilotos clase “A” y “B”. Solamente Francisco Allesch, Mateo Ebert y Heinz Lehrke obtuvieron brevet categoría de “pilotos nacionales”.

[3] “Los vuelos del Cóndor” de Paula L. Meinke. Revista “Alas” Febrero de 1996.

[4] Se agradece para la realización de este trabajo la colaboración de Luis Jung, que entrevistó a Heinz Lehrke en su cumpleaños número 90. También de Erika Fenner por sus importantes y constantes aportes. 

 

 
FRANCISCA LLANCAMAN Y EUGENIA CHEUQUEPAL, UNA EXPERIENCIA DE RESCATE ORAL Y DOCUMENTAL EN GRUPOS DE ADULTOS MAYORES PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Maggiori   
Martes, 22 de Marzo de 2011 17:05

Durante el año 2003, el área de “Adultos Mayores” de la Secretaría de Bienestar Social de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia desarrolló un proyecto llamado “Adultos mayores narradores” con resultado medianamente exitoso en cuanto a la respuesta social. Fundamentándose en la ley provincial N° 4332 de Promoción y Protección Integral de la tercera edad, que en uno de sus artículos establece la responsabilidad del Estado de propiciar y promover espacios de participación para el desarrollo intelectual y físico de las personas mayores, este espacio de lectura y escritura posibilitaría a cada individuo relatar o dejar escrita alguna narración principalmente literaria.

                Tomando en cuenta esta experiencia y con la intención de continuar la tarea que había quedado suspendida en abril del 2005, el área “Adultos Mayores” me convocó,[1] a fin de llevar adelante una tarea de similares características y lineamientos de trabajo. Para entonces diez grupos de adultos se reunían en distintos barrios de la ciudad de Comodoro Rivadavia, alrededor de propuestas surgidas de sus propias necesidades. Estas personas contaban con el apoyo y acompañamiento logístico y técnico del área. Algunos de los participantes habían pertenecido al disperso taller de “Adultos Narradores”.

                Aparte del desafío de volver a reunir y convocar a quienes se sintieran interesados en la propuesta original, o de sumarse a la experiencia de trabajar con individuos y grupos en historias de vida, estaba implícita la posibilidad de propiciar una tarea de rescate oral, tanto de las historias de vida individuales como de lugares, barrios o temas específicos de interés grupal. En la metodología de trabajo oral, siempre está presente el propio individuo como protagonista directo, por otro lado investigar de esta manera permite hacer un ejercicio de memoria y reflexión que luego servirá de “puente” entre el pasado y el presente y del que surgirá un testimonio escrito para las nuevas y futuras generaciones.  El rescate de la memoria es muy importante para fortalecer la identidad y la autoestima, además al tratarse de grupos heterogéneos, permitirse profundizar en la diversidad amplia el espectro cultural y modifica los niveles de tolerancia hacia el otro, hacia lo diferente.

                En el interior de los grupos, trabajar el tema Identidad no sólo permite recuperar la propia historia sino valorar al otro en sus singularidades y diferencias. Los patagónicos poseemos una multiplicidad cultural fruto del encuentro entre nativos, inmigrantes y provincianos. En esta convivencia cultural se trabajará el concepto de Identidad como aquello que no conocemos de nosotros. Mientras los dispersos miembros de las etnias nativas que se encuentran en el ámbito urbano, generalmente ancianos que poco a poco van animándose a romper el silencio provocado por años de sometimiento cultural, otros están tratando de salir adelante con pequeños proyectos de organización comunitaria. En el trabajo de recuperar su propia historia cuentan con la ayuda de personas no nativas, pero comprometidas con la verdad histórica. Esta tarea no siempre es reconocida por algunos grupos, ya que el momento político presente los encuentra en una etapa de rechazo total hacia lo que no provenga de ellos mismos. Esta es una etapa que algún día podrán superar.

                Los sujetos adultos mayores están inmersos en una estructura social que a veces los discrimina y los aísla del resto de la población activa. Esta situación que es común a todos, se vuelve doblemente violenta para el nativo que no puede comunicarse. El rol de sujetos pasivos es con relación al marco productivo del trabajo, pero los individuos no dejan de ser activos en cuanto a que; como personas son aún capaces de adaptarse a la realidad que los rodea y participar de los lazos y vínculos sociales de la comunidad a la que pertenecen. Adaptarse a ese interjuego dialéctico nuevamente les permitiría integrarse a las redes comunicacionales y sociales de la comunidad, que en otro tiempo necesitó de ellos para conformarse tal cual es.

                En una primera reunión con los operadores barriales quedó explícita la necesidad de continuar con este tipo de talleres. La heterogeneidad de los participantes –que a simple vista emergía- permitió hacer un rescate que evidenció la diversidad de la población, al quedar expuesta en el uso, sonoridad y costumbres del lenguaje. Gente de raíz europea, nativa, chilena y de nuestros propios paisanos, se acercaba espontáneamente a los Centros de Promoción Barriales que servirían de espacio inicial de la propuesta, pero también el barrio mismo donde estos centros están ubicados, poseen una interesante población de adultos capaces de motivarse e interesarse en el proyecto, si se logra establecer los vínculos comunicativos para aclarar los objetivos de la tarea.

                La diversidad de los participantes, como el origen pluricultural de quienes se integren en la propuesta, servirá en el futuro para difundir el trabajo que en torno a los derechos del adulto mayor se están realizando desde la Municipalidad de Comodoro Rivadavia. El interés en la producción que de los talleres irá surgiendo, también posibilitará la edición de alguna publicación. La que distribuida entre la misma población, propiciará el acercamiento a la lectura y a la participación directa de la propuesta.

Para ejemplo de “Historia de vida”, se trabajará sobre la base de la entrevista y rescate oral. A modo de introducción, para que la entrevista no aparezca descontextualizada y sin referencias, el entrevistador deberá ir describiendo y relatando la procedencia del entrevistado, como referenciando algunos puntos de la misma. Muchas veces el entrevistado desconoce en profundidad determinados puntos históricos que sirven para situarse y saber a qué contexto histórico se refiere el sujeto que habla. En el caso que tomamos de ejemplo, el entrevistado no aclara o dice –quizás desconoce- los orígenes profundos, por ejemplo de una empresa en la que trabajó durante muchos años. La tarea del historiador estará en hacerlo al menos un poco más detalladamente apoyándose en lo documental, para contextualizar y acercar información a otras personas que puedan interesarse en estos textos, más allá del tiempo o de la geografía urbana inmediata.

Por otro lado deberá respetarse la singularidad del habla y del lenguaje, tal como es expuesto en las entrevistas. Hay personas que se expresan con lo que desde lo académico se entiende por “lenguaje correcto”, pero hay quienes por diversas circunstancias se expresan con otro tipo de singularidad. Respetaremos esos modismos del habla, ya que los usos particulares del lenguaje no dejan de ser aportes y características que sirven de objeto de estudios más especializados. Existe bibliografía específica que insiste en la importancia de este punto, lo cual no deberá ser entendido con el común prejuicio de “errores de lenguaje”.

Para iniciar la tarea fueron elegidos dos grupos, uno del Kilómetro 8 o Barrio Gobernador Fontana y otro perteneciente a la zona Oeste de la ciudad, en un barrio periférico llamado Quirno Costa.

El grupo del barrio Quirno Costa de Comodoro Rivadavia de denomina “Esperanza” y lo integran 12 personas adultas mayores. El grupo original, en un principio era de 25 personas, tres de ellos fallecieron no hace mucho tiempo atrás y dos de los integrantes, de origen nativo se encontraban al principio con problemas de salud. Ellas eran las hermanas Francisca Llancamán y Eugenia Cheuquepal, ambas aún conservaban y hablaban en lengua  “paisana”, tal como se le llama comúnmente al idioma araucano o mapuche en Patagonia. Superado este inconveniente de salud, ellas se reintegraron al grupo. 

Cuando comenzamos a trabajar, para la primera reunión, integraban el grupo Rita Altamirano; Elena Valencia; Malvina Navarro; Zunilda Paillán, Dora Ávila; Petrolina Nils. Era notoria la ausencia de integrantes masculinos en el grupo. Esta primera reunión se realizó en el interior de la Biblioteca Popular “Jaime de Nevares” del barrio, ubicada en la calle Nuestra Señora de Lourdes N° 1565; al fondo de la casa particular de un ex integrante de la Unión Vecinal de apellido Zúñiga, todavía un activo referente barrial. Para el segundo encuentro, un martes 17 de mayo de 2005, habíamos pactado encontrarnos en esta misma dirección, pero el grupo decidió que desde allí nos trasladaríamos a la casa particular de una de las integrantes. Ninguna de las personas del grupo era nativa de Comodoro Rivadavia, una de las características más comunes de los grupos. Ellos habían compuesto una canción que los identificaba y ese día me la cantaron.

La consigna de trabajo es rescatar las historias de vida de los integrantes del grupo, hasta que vaya surgiendo algún tema en común. En este grupo apareció como necesidad la reconstrucción histórica de una cooperativa de viviendas que originó el barrio. Una experiencia colectiva que unió para siempre a estos vecinos. Pero mientras tanto vamos por la interesante historia de Francisca Llancamán y de su hermana Eugenia Chauquepal. No nos quedaremos sólo con lo oral, sino que mi aporte como historiador estará en contextualizar y completar con documentación el trabajo. Para esta tarea el grupo invitará a otros vecinos que son referentes de los temas a tratar.

La casa de Rita Altamirano se ha transformado en un centro de reunión del barrio, a cada momento suena la puerta y entra algún integrante del grupo de los Adultos Mayores, que va llegando retrasado. Silenciosa detrás de sus anteojos, pero con un silencio cargado de interesantes historias, Francisca se sienta al lado del grabador sin problemas. Mientras tanto la rueda infaltable del mate va circulando y el olor a tortas fritas le pone un aroma especial al encuentro. Tanto ella como su hermana tienen mucho para decir, especialmente si el hecho quedará registrado como para que no se pierda. En algún momento fue “llevada” a algún evento cultural en donde prácticamente se la utilizó o “exhibió”, se le pidió que hablara en su lengua pero eso fue todo. Ningún material oral o escrito se ha rescatado de esa efímera experiencia. Pero lo importante de estas personas, tan ricas en experiencias personales, en significados culturales ancestrales y en el importante legado antiguo –que se irá con ellos irremediablemente- no está en que se las utilice como meros objetos de una cultura de algún modo excéntrica. Ella se muestra dispuesta a contar sus recuerdos, que incluso para algunos del grupo resultaron parcial o totalmente desconocidos. Así lo expresaron al final de la entrevista. Francisca habla con frases cortas, mientras sus respuestas lentamente van apareciendo, dejará entrever una memoria asombrosa a sus 86 años.

La migración interna, tanto como la inmigración en la Patagonia es muy importante, entre los tres grupos de trabajo se podría decir que la mayoría son gentes venidas a esta ciudad petrolera desde otra parte. Entre ellos se encuentra Francisca, que dejó la cordillera para radicarse finalmente en la costa atlántica.

Francisca es nacida en Epuyén, paraje cercano a El Bolsón. Diecinueve años más tarde y fundamentalmente por trabajo, ella debió abandonar ese valle cordillerano, instalándose con su reciente marido en la localidad de El Maitén, donde residió entre 1938 y 1948, aproximadamente.

 Ambas localidades, Epuyén y El Maitén, pertenecen al Departamento Cushamen; Sección JIII; Fracción B; de la provincia del Chubut. Separada de El Bolsón y El Hoyo por el cerro Pirque, el lago Epuyén se encuentra en el Lote 15 de la Colonia Mixta Epuyén. El pequeño poblado del mismo nombre se encuentra ubicado en los límites Sur y Norte, respectivamente de los lotes N° 11 y 20. Sus límites hacia el Este lindan con tierras de capitales ingleses y de la Compañía de Tierras Sud Argentino Ltda. El río Epuyén parece ser el origen del nombre del lugar; ya que su significado sería “dos andan”, probablemente porque allí, al pasar frente al lago, el río se divide en dos.

El pueblo de El Maitén está atravesado a esa altura por las nacientes del río Chubut. Para 1920 se fundó la escuela N° 31, a siete kilómetros del poblado, este es el origen de una aldea escolar en ese pintoresco paraje, cuyo rincón se conoce hoy como “Buenos Aires Chico”. Por estos parajes pasaba antes el antiguo camino nativo que unía al “país de las manzanas” con el pueblo tehuelche. No queriendo decir con esto que la zona sólo era de paso. Pero estas ricas tierras, luego de haber sido observadas por el viajero inglés George Chatworth Musters en 1870, quedaron en poder de capitales ingleses por parte de una compañía que se formó en Londres en 1888. Su presidente para entonces fue el señor John Aungier. Esta sociedad se conformó con el objetivo de adquirir grandes extensiones de tierras en un país políticamente generoso al respecto, hasta el día de hoy. La primera estancia adquirida por “The Argentine Southern Land Ltda.” fue la actual estancia “Leleque”, posteriormente le siguió “El Maitén”, “Pilcaniyeu” y finalmente “Alicura” y “San José”, ya en territorio neuquino. Cuando el establecimiento ganadero comenzó, tenía todas las características de un fortín y con los años allí se fundó uno de los primeros destacamentos de policía. Como carecía de alambrados hasta el año 1908, hay crónicas que dicen que cuando se comenzaba la marcación de animales, en ese tiempo sólo de ganado vacuno, se iniciaba en el paraje de Leleque y se concluía en Pilcaniyeu o Comallo.

En el año 1910, luego de una gran sequía que asoló la región y que dejó gran mortandad de animales, del recuento anterior que había dado la cantidad de 53.000 animales, faltaban 14.910 que habían perecido. El primer piño o majada de ovejas llegó en 1906. La estancia “Leleque” fue dirigida por los señores Somerville, Preston, Carlos Hackett, Tomas Norris,[2] Carlos Mackinson y Enrique Dunlop. Entre los capataces estuvieron José Flores, Juan Jara y Sergio Gaite.

Debido a la fecha de su fundación, no es difícil deducir que ellos aparecerán en las crónicas como los fundadores de El Maitén, reconociéndose en uno de sus empleados puesteros al primer poblador. Cuando se dejan de lado a los antiguos habitantes nativos, siempre es común encontrar como “los primeros” pobladores a gente que llegó mucho después, en este caso nos referimos a Santiago Parra, un sargento que obedecía órdenes del comandante Ortega durante la “Campaña del Desierto”. De este poblador hay pequeñas crónicas en diarios regionales como “El Esquel”, allí se cuenta que cada noche este áspero pero obediente paisano, debía cabalgar desde “Leleque” hasta el boliche de Breide en El Maitén, para aprovisionarse de bebidas que le encargaban y que debía entregar a varios de los administradores ingleses de jerarquía, que no se conformaban con la ración permitida de alcohol, dentro del establecimiento. Parra llegaba para el amanecer, entregaba su encargo a escondidas y se reintegraba al trabajo habitual, pasando desapercibido su nocturno trajín. Demás está decir, que por este servicio recibía su buena paga. Parra falleció centenario en El Bolsón durante el año 1936.

Entre los empleados de la estancia “Leleque” estuvo Leopoldo González, nacido en 1921 en Cholila.[3] González se acercó a participar del grupo del Quirno Costa por invitación de sus integrantes. De su oportuno testimonio, pudimos rescatar que fue esquilador, primero con tijera de mano, hasta que en el año 1939 llegaron las primeras máquinas de esquilar a nafta. Poseían cuatro manijas y pertenecían a Simón Daer. Para 1940 la estancia “Leleque” ya realizaba la esquila con una de 24 manijas. Por entonces el capataz era Juan Jara, la estancia poseía algo más de 100.000 animales. Debido a esto, tardaban más de tres meses en esquilar. Allí tuvo varios compañeros de trabajo, pero sólo recuerda a Tiburcio Cheuque, el chileno Fuentealba, Luciano Millaman o Macaya. Recuerda que cerca de la proveeduría de la estancia estaba el puesto policial.

Para la primera década del Siglo XX, los habitantes del Valle Nuevo, de El Hoyo de Epuyén, El Manso, El Foyel y Cholila, escucharon rumores de que podrían ser desalojados porque esas tierras iban a ser vendidas a una compañía llamada “Cochamó”. Estos capitales germano – chilenos eran los mismos de la “Compañía Chile - Argentina” que habían fundado Bariloche. Según testimonios escritos del sacerdote Pascual Paensa, que a su paso por la zona se alojó en la casa que la empresa poseía, el gerente se apellidaba Campana y el misionero ya lo conocía de Trelew. Siempre se dijo que este negociado contaba con el apoyo de las autoridades provinciales, de ahí que se haya intentado asesinar al denunciante de la venta, el conocido y abnegado maestro Vicente Calderón. Una tragedia muy conocida en la época que involucró a la policía.

La compra incluía la posibilidad de elegir o seleccionar sobre el terreno las mejores 25 leguas de campo. El vendedor era Florencio Martínez de Hoz y las tierras habían sido cedidas a él por el perito Moreno. La compañía ya había abierto por El Manso una senda del ancho de una carreta de bueyes, que salía hacia el Pacífico, precisamente al puerto de Cochamó.[4]

Las denuncias originadas por esta vergonzosa venta, obligó al propio gobernador Lezana y su comitiva a recorrer a caballo la distancia que los separaba de Rawson y supervisar personalmente lo que estaba sucediendo. En estas circunstancias, la denuncia del maestro Calderón y su intento de asesinato por parte de policías derivó en más escándalo y en la posterior anulación de la venta de tierras por parte del Congreso Nacional. Así estas tierras y sus pobladores no fueron desalojados, aún así el gobierno nacional no observaba con tranquilidad a un área, en donde el 98 % de los pobladores era de origen trasandino. Como se ve, entre empresarios no había problemas en vender nuestro patrimonio al país vecino, pero como siempre el peligro era la gente común.

Según una publicación editada para el primer centenario del país,[5] el censo nacional de 1910 daba cuenta de la existencia en el territorio de Chubut de 8.603.35 (sic) cabezas de ganado bovino, 2.601.785 equinos, 115.290 mulas, 1.840 asnos, 7. 269. 301 ovinos, 55.643 caprinos y 11.952 porcinos. Por otro lado se consignaban 3.364.016 hectáreas cultivadas con trigo, 8.343 con maíz, 16.000 de cebada, 29.000 de avena y 3.414 de alfalfa para corte. Para Santa Cruz, sobre un total de 263 establecimientos ganaderos, las cifras eran: 25.329 vacunos, 2.387.566 ovejunos, 36.332 equinos, 1.017 porcinos y 368 mulares. Estas cifras habrían cambiado treinta y dos años más tarde y según otros datos estadísticos, para el año 1942 la Gobernación del Chubut, en sus 225.723 kilómetros cuadrados, contaba en cuanto a ganadería unas 5.000.000 cabezas de ganado lanar; unos 125.000 vacunos; con 183.000 caballos; caprinos unos 255.000 y 12.000 porcinos. Otro dato importante que surge de la búsqueda de documentos, es que para entonces el precio de una hectárea de tierra en el valle del Chubut  valía 550 pesos de entonces, mientras que en la cordillera apenas se cotizaba a 22 pesos. En el territorio del Chubut, el mismo censo delataba sólo 75.000 habitantes.

En Epuyén, para la década en que Francisca dejaba el lugar residían unos 700 habitantes, siendo éste un valle muy próspero para la ganadería y la agricultura. Los bosques además aseguraban buena madera para la construcción, para calentarse y cocinar. El movimiento comercial estaba centrado en los negocios de ramos generales de Miguel Breide; Florentino Beliera y Hantem Salim. Aparte de estos comerciantes, entre los pobladores y ganaderos podemos encontrar a Ciríaco Azócar; Daniel Liempe; Mariano Pizarro; Demetrio Silva; Valentín Lonco; Juan Ponole; Antonio Valenzuela; Lossorio Corrías; Francisco Concha o María Cruz F. de Bejar. Contaban además con un juzgado de paz, cuyo encargado era el mismo jefe del registro civil: señor Félix González. Se contaba con oficina de correos y telégrafos, cuyo jefe de oficina era Enrique Sosa; había una escuela, la N° 30, cuyo director era Bonifacio Rodríguez y los cargos de maestros eran ejercidos por Dora Elía Goñi y María Esther Hernando Loncán.

Para entonces la localidad de El Hoyo dependía de Epuyén, por eso a ambos lugares se los conocía como “El Hoyo de Epuyén”. Allí estaba el molino harinero de Mario Breide, que además poseía un aserradero y un campo. Estaban las casas de ramos generales de Ramón Pereira, de Trosky y de Woito, los almacenes de Ángel González y Andrés Dorosky, el aserradero del también maestro y ganadero Pedro Ponce y también residían allí por el año 1942, entre los ganaderos y agricultores, el puntano Eduardo Mayorga; Luis Bahamonde; Antonio Salamin; Manuel Mellado; Urbano Lobos; Rosa Lobos; Justo Quilodrán; Sr. Latirana; Tito Solari; Salaberry; Victoriano González o Bernardo y Tadeo Azócar.

Las comisarías de Epuyén, como la de El Maitén dependían por entonces de la Gendarmería Nacional. Francisca luego se instalará con su marido en El Maitén. Por entonces el paraje era una Estación del Ferrocarril de la línea que unía Ingeniero Jacobacci con Esquel, ubicada a 730 metros sobre el nivel del mar. Quizás el hecho de ser estación determinó la presencia de dos hoteles; el de Cristo Caralis y “Hotel Mossini” de Pedro Mossini. Había por entonces tres casas de ramos generales; la de Abraham Breide, donde el matrimonio trabajará por unos diez años seguidos, el de Ángel Peroy y el de Lobos & Cía. Contaban con un establecimiento escolar: la escuela N° 31, a cargo de Margarita R. de Borsella y los maestros eran Antonio Borsella, Edgardo Zandalazini y Telma M. O. de Beccaccini. El correo de El Maitén estaba a cargo de Leandro Martínez. Los establecimientos ganaderos más importantes eran en primer lugar la poderosa “Compañía de Tierras South Argentine” ya mencionada, luego los de Abraham Breide; Paulino Calderero y Andrés Cifuente o Sijuente. La “Compañía” de los ingleses explotó también una concesión forestal ubicada en los lotes 14; 15 y 16 en las costas del Lago Epuyén. 

Según cuentan, el libanés Abraham Breide donó el edificio para el correo y fue muy querido en su comunidad, al punto de que el 7 de noviembre de 1935, una Asociación de Aborígenes lo nombró socio honorario y protector de esa comunidad. Breide estaba casado con Adela Chimeli Abd El Hahed. Según parece, no existe otro poblador inmigrante que las propias autoridades nativas hayan homenajeado de esta manera. Breide falleció en Buenos Aires el 21 de febrero de 1944.

El primer médico que llegó a “El Maitén” fue Manuel Vayo, según la vecina Saide Nadur, casada con el chileno Justino Gallardo: “... llegó como auxilio de los empleados del ferrocarril”. Después y ya con título hay que mencionar a Juan Carlos Espina.

Según el testimonio oral de Mindo Rosales a la revista “Mi Sur”[6] el nombre de “El Maitén” a esta localidad es obra de Rudesindo Rosales, su padre. Cuenta en la entrevista que para el año 1895 su padre estaba viviendo allí, al lado de un maitén muy frondoso y de allí surgió la idea del nombre. Este apellido es el mismo de “Bahía Rosales” en el lago Futalafquén. Rosales vivió en varios parajes de la zona, pero indudablemente ha sido de los primeros en poblar esta zona entonces. Aparte de Parra, se suelen mencionar a los apellidos de Sergio Gaite; Ismael Alvarado; Paulino Calderón; Segundo Guajardo; Raimahuel; Segundo Ñiripil; Toribio Criado o Bautista Caniu.  Según el testimonio de Elías Sede, hijo del libanés Mayid Salomón Sede y Milede Sesin; vecinos cercanos eran los Ancalao; los Napal, que tenían tropas de mulas y luego fueron llegando los Daud, los Chebiek o los Alzogaray.

El correo de esta localidad es de 1923, los muebles también fueron donados por A. Breide y hoy una placa de bronce perpetúa su nombre. Según un testimonio de María Amalia Bahamonde, en el año 1932 el presidente de facto general Agustín P. Justo[7] recorrió El Bolsón y los valles de los alrededores. Ella, que fue testigo de su paso, contaba a una revista regional que al primer auto de la comitiva presidencial lo iban tirando con caballos para que no quede empantanado en el barro. Casada en primeras nupcias con Ciro Demestri, cuando quedó viuda estuvo ocho años sola, luego formó una nueva familia con el poblador Pedro Paladino. Uno de sus hermanos trabajó de contador para la empresa de Abraham Breide en El Maitén; cuenta demás que su hermano se recibió estudiando por correo. 

Para la década del 40´, El Maitén contaba con un hospital rural, una panadería, un hotel, una fonda, verdulería y despensa, dos carnicerías y un almacén cooperativo del personal del ferrocarril.

Otro antiguo vecino importante que rondaba por estas zonas fue Martín Sheffield, un norteamericano tan conocido y del que tantas crónicas regionales se han escrito. Sheffield buscaba oro en la zona, se casó finalmente con una mujer nativa de apellido Pichun, con ella tuvo hijos. El famoso y mítico sheriff norteamericano falleció en la zona.

 

                                                                    Ernesto Maggiori – Año 2003.

 

 

 

 

 

ENTREVISTA A FRANCISCA LLANCAMAN

 

                Genealógicamente hablando, el fundador de este clan familiar fue Wirkan, emigrado de la tribu de Repocura en Cholchol. Este caciquejo tuvo un hijo llamado Wenuñ, del cual nacieron otros, uno de ellos se llamó Llankaman. El apellido Llancamán estaba emparentado con las familias Paillalef, Millaman y Compilli, estos clanes familiares se encontraban radicados en Chile entre Pitrufquén y Villarrica. Estaban muy relacionados con las autoridades de Valdivia. En algún momento, entre fines del Siglo XIX y el XX, debieron atravesar la cordillera.

 

 

Nací en Epuyén, en Epuyén mismo el 14 de septiembre de 1919

 

¿El nombre de su padre y de su madre?

Mi padre era José Llancamán y mi madre Luisa Chauquepal.

 

Y ellos ¿de dónde eran?

Mi papá era de Chile, ella era argentina, nacida aquí...

 

¿Recuerda el lugar donde nació su padre y cuándo vino a la Argentina?

No, nunca me acuerdo... tampoco le puedo decir cuándo vino, antes no decían nada. Fuimos ocho hermanos.

 

¿Hasta qué tiempo vivió allí en Epuyén?

Y mucho... después cuando ya éramos grandes fuimos saliendo. Mi mamá ya se fue a otra parte, se fue a Esquel, mi papá había fallecido cuando yo tenía catorce años. Me crié con mi mamá nomás.

 

¿Sus hermanos se fueron dispersando todos por trabajo?

Sí, por trabajo.

 

¿De qué vecinos de la zona se acuerda?

Vecino era Llanquetruz, ese era mi tío y Cheuquepal también era mi tío.

 

¿Llanquetruz... ?

Era mi tío, casado con mi tía Eugenia Cheuquepal, él era José Llanquetruz sí... yo recuerdo cuando iba a ver a mi abuela con los indios. Ella era cautivada...

 

¿Y recuerda los datos de ella?

Ella contaba cuando guerreaban los indios con no sé qué... ellos no decían “guerra”, decían malón...

 

¿Entonces así la tomaron a ella cautiva?

Sí...

 

¿Recuerda el nombre de su abuela?

Si... Elcira Benegas...

 

¿De dónde era ella... de la provincia de Buenos Aires?

Sí... después se disparó porque la tenían encerrada los caciques. Porque era muy bonita, no era mapuche, era muy bonita y la querían mucho.

 

¿Su abuela vivió en Epuyén o en otro lado?

Sí... murió a los ciento veinte años de viejita...

 

¿Y de su abuelo, tiene recuerdos de él?

Mi abuelo no... ya había muerto cuando yo nací. Mi abuela vivió con su hijo mayor, él la cuidaba hasta lo último.

 

¿Era un tío?

Sí, ese era el tío Juan Cheuquepal.

 

¿Y hasta qué edad vivió en Epuyén?

Y yo hasta los diecinueve años, me casé y me fui para El Maitén.

 

¿Y con quién se casó?

Con el hijo de un chileno, bueno él no era chileno, nació en San Carlos de Bariloche. De chico quedó... se fue su padre para Chile y él no quiso ir. Se quedó trabajando con un tío. Manuel Vargas se llamaba.

 

¿Escuchó hablar usted de Pío Quinto Vargas de Corcovado?

Sí...

 

Pío Quinto tenía un hermano que se llamaba igual, pero por un  tiempo fue cura hasta que se casó, serían parientes?

No sé...

 

¿Qué fue de él, qué hacía Manuel Vargas?

El era molinero con un árabe, molía harina en El Maitén.

 

¿Qué apellido era ese árabe?

Abraham Breide. Murieron esos viejos y han quedado los hijos.

 

¿Escuchó hablar del molino de Hube en El Bolsón?

Sí...

 

¿De los Azcona, que eran de los primeros en plantar lúpulo en El Bolsón?

Sí, escuché, de los Azcona también...

 

¿Bueno, me decía que con su marido se fue a vivir a El Maitén, que hacían allí... trabajaban en algún campo?

No, en el molino, teníamos casa ahí... nos pasaban la casa.

 

¿La plantación de trigo era de por ahí?

Sí, eran de Cholila, de Epuyén, juntaban el trigo y venían a molerlo. Antes se sembraba mucho.

 

¿Los Breide también tenían plantaciones de trigo?[8]

Sí, tenían chacra. Allí trabajaban muchos peones, tenían carnicería, surtidos el turco este, negocio...

 

¿Casa de ramos generales?

Sí.

 

¿Quiénes trabajaban para él, se acuerda algunos apellidos?

Sí... empleados tenía muchos, Simón Breide, después un chileno Vidal... Marcelino Vidal se llamaba ese empleado.

 

¿De qué año estamos hablando, cuando sucedió esto?

Y,  me casé a los diecinueve años... (O sea 1938)

 

¿El Maitén en esa época qué era, unas pocas casas?

El ferrocarril con la estación, venía el trencito.

 

¿Algún destacamento policial?

Sí, la gendarmería.

 

¿Y hasta cuándo trabajó con los Breide?

Y, estuve unos diez años, pagaban muy poco. Después me fui otra vez a Epuyén. Ahí tuvimos casa, muebles... como él era carpintero. Hacía puertas y vendía. Había aserradero.

 

¿Qué trabajo hacía en lo de Breide usted?

Iba a lavar nomás, lavar ropa, sí...

 

Gente de la Reserva de Cushamen ¿iban mucho por esa zona?

Sí, de Cushamen iban mucho. Mi abuela iba mucho, ya después fallecieron.

 

¿Eran del clan familiar de los Nahuelquir?

Nahuelquir sí... los Nahuelquir eran muchos.

 

¿Ñancucheo?

También, Ñancucheo era vecino mío.

 

¿Usted habla el idioma paisano?

Sí, mi hermana habla más.

 

¿Y eso de dónde viene, de la casa nomás?

Sí, mi abuelita hablaba puro mapuche nomás, no hablaba en castilla.

 

 

ENTREVISTA A EUGENIA CHEUQUEPAL

 

                Para el encuentro con Eugenia había “reconstruido” en parte el escenario social donde ella había vivido, con el objetivo de ser utilizado como disparador. Corría el peligro de que al mencionar nombres, sólo me respondiera “sí o no”, de acuerdo a si los había conocido o no, pero el desafío estaba en poder sumar más información sobre las personas que allí residieron por esos años. De este modo las preguntas estaban dirigidas hacia personas, casas de comercios o simplemente sucesos específicos de los que podría haber tenido recuerdos propios. Cuando le preguntamos por el hotel de Breide en El Maitén, creíamos que había más de uno y que estos eran de Pedro Mossini y otro de Cristo Casalis, pero ella nos aclaró que Mossini era el encargado de hotel de Breide y que cuando dejó este trabajo, lo reemplazó Casalis. Esto no significa que años más tarde ellos hayan incursionado por su cuenta en el ramo, pero evidentemente han empezado así. Eugenia residió siete años en Esquel, trabajaba haciendo quintas, cuidándolas y criando gallinas. Su patrón –no recuerda el nombre- tenía un negocio. Cuando se sintió sola en ese lugar, un primo la convenció de irse a Comodoro Rivadavia. Para entonces su hermana Francisca ya estaba radicada en esta ciudad. Visiblemente emocionada al final de la entrevista, ella habló en su propio idioma e incluso pidió protección hacia quienes allí estábamos sentados alrededor de ella. En la tercera reunión le pregunté acerca del significado de Epuyén, me confirmó eso que se refiere a “dos que van” o “dos que andan”, referido seguramente a la divisoria en dos cauces del agua.

 

¿Dígame su nombre y cuándo nació?

Eugenia Cheuquepal, el 10 de enero de 1922.

 

Cuénteme ¿por qué su hermana es de apellido Llancamán y usted Cheuquepal?

Es que yo estoy reconocida por mi mamá y ella es reconocida por su papá. A mí me anotaron después de veinte años, recién ahí saqué la libreta, mi mamá me reconoció después de veinte años.

 

¿Y dónde se hicieron esos trámites de Juzgado de Paz o Registro Civil?

En Epuyén...

 

¿Hasta qué edad vivió en El Hoyo de Epuyén?

Uh... no sé cuánto, muchos años, como cuarenta, después viví un tiempo en Esquel, después Comodoro y aquí me quedé.

 

¿Así que tendría que preguntarle de Epuyén, parece que allí había tres comerciantes conocidos, uno era Miguel Breide, hermano de Abraham... lo conoció?

Sí, tenía negocio.

 

¿Y a Florentino Valiera?

También lo conocí, tenía negocio muchos años.

 

¿De qué nacionalidad era, era “turco”?

No, no era “turco”, era argentino.

 

¿Se acuerda quién era la señora de Florentino?

Sí, Elvira Pave, argentina.

 

¿Había un vecino llamado Daniel Liempe?

A Daniel Liempe lo conocí muchos años, él también tenía animales, estaba casado con Rosenda no sé cuánto... Nahueltripay por ahí, Rosenda Nahueltripay, eso era el matrimonio.

 

¿Mariano Pizarro, lo conoció?

También lo conocí, era socio de Florentino Valiera, tenían animales a media y todo eso.

 

¿Qué era él, argentino o español?

El era de raza de nosotros y claro, pero era Mariano Pizarro.

 

¿Con ese apellido alguno lo bautizó?

Pizarro lo crió, por él se llama Pizarro.

 

¿Y el verdadero apellido de él se lo acuerda?

No.

 

¿Quién era Demetrio Silva?

Demetrio Silva, éramos vecinos, yo siempre iba a trabajar con él, trabajaba en la chacra, iba a cosechar papa con ellos. Plantábamos verdura, de todo.

 

¿Plantaban trigo?

Trigo, emparvamos trigo... todo eso hacía uno.

 

¿Conoció a un tal Valentín Lonco?

También lo conocí, ese estaba casado con Catalina Reuque.

 

¿También nativa?

Sí.

 

¿Juan Ponolef?

También lo conocí, ese era mi padrino. Tenía muchos animales, la señora era Juana Melillan.

 

¿Conoció a Francisco Concha?

Lo conocí, la señora era Juana Valenzuela, los dos eran chilenos.

 

¿Recuerda a Félix González, que estaba de encargado de Registro Civil y Juzgado de Paz?

Seguro... ese sí, estuvo muchos años de Juez de Paz, era gallego, ese era más malo... malo era, tenías que ser casado, si ibas a anotar a un chico así nomás y no eras casado te pegaba una retada.

 

Sería católico ¿y con quién estaría casado él?

No sé, el nombre de la Margarita no lo sé. Ella era Margarita.

 

¿Sintió hablar de Enrique Sosa del correo?

No, no sé... Ramos, Ernesto Ramos era el que estaba en el correo.

 

¿Conoció el molino harinero de Mario Breide?

Sí, estaba en El Hoyo.

 

¿El de Mario Breide?

No, ese estaba en El Hoyo, no lo conocí pero sentí hablar de él.

 

¿Parece que también tenía aserradero en la zona?

Sí... Ramón Errati tenía un aserradero que compró en el lago Epuyén, ahí vivía Ramón Errati, venía del lado de Cholila.

 

¿Qué otros apellidos nativos recuerda de allí, de la zona, nómbreme algunos?

Conocí muchos, fue hace mucho tiempo... Llanquitruz, Santiago Gómez... ya no viven, pero eran conocidos ahí.

 

Hubo un aserradero que fue de Pedro Ponce, un maestro... ¿no sabe si algún pariente de ese hombre fue de “La Fronteriza” también?[9]

La Fronteriza... cuando pasó La Fronteriza me escondí bajo la cama y de ahí vigilaba yo lo que iban a hacer. Porque le llevaron una matra a mi mamá, que tenía para llevar a vender a El Maitén. Se la llevaron, se la sacaron. Porque mi mamá de miedo tuvo que darla, de ahí le dijo si teníamos un par de riendas, porque de eso trabajaba mi papá, hacía soga y vendía. Con eso comíamos nosotros. A mi papá no lo llevaron porque mi papá se escondió. “No voy a ir nada” –dijo- y se fue a esconder y pasó la... “Y su esposo” –le dijeron a mí mamá- “No, no esta, está trabajando”... “llega muy tarde” – “Y llega tarde...” – “Bueno que vaya mañana a la mañana, temprano... a las seis de la mañana que se presente en la comisaría”. Bueno mi papá se fue antes de las seis y le llevó unos panes a mi tío Juan –porque se llevaron a mi tío- dele azote nomás y patadas y le fue a dejar el pan y como se presentó lo largaron, pero a mi tío lo dejaron a la miseria, a palos, con el sable le daban... todos lados morados. Los hacían jinetear entre hombres... uno era el caballo y tenían que jinetear, se caía y le daban azote. Se llevaron todo lo que encontraban, se llevaron caballos.

 

¿Y dónde estaba la comisaría de la zona?

Lejos estaba, quedaba lejos.

 

¿Para qué lado?

Para donde estaba Salim (Anthem) no sé si conoce... para donde estaba la herrería.

 

¿Es donde estaba la compañía de los ingleses?

Eco... ahí, por ahí cerca.

 

¿Conoció a Luis Bahamonde?

Ah sí... lo conocimos, andaba sacando fotos siempre. Conocimos también Bahamonde.

 

¿Qué médicos había en Epuyén?

No, no había médicos, pero íbamos a El Maitén, ahí nos atendía Espina.

 

¿Había alguna curandera famosa por allá?

Curandera no, allá no había.

 

¿Y qué remedios utilizaban cuando se enfermaban?

Bueno, remedios caseros... buscábamos yuyos, tantos yuyos que hay para los dolores.

 

¿El ñanculahuén?

El ñanculahuén, la canchalagua, el natre. Dicen que el ñanculahuén es bueno para el pulmón, cura siete enfermedades, está la limpiaplata que dicen que sirve para la fiebre, y el natre también para la fiebre.

 

¿Y dónde juntaban esas hierbas?

En el campo, juntábamos en verano y dejábamos para el tiempo de invierno, no había curandera.

 

¿María Epul, la del Cerro Negro, la conoció?

No, la sentíamos nombrar nomás.

 

Usted habla lengua paisana ¿la aprendió en su casa escuchando a sus padres?

Sí, mi papá, mi mamá, todos ellos hablaban... mi abuela, mi abuela no sabía hablar nada en castilla. Mi abuelita fue cautivada en Chile, la cautivaron los caciques en esos tiempos en que había malón. Sería la guerra no sé... pero ellos le decían malón. Porque allí ella era raza blanca...

 

¿Cómo se llamaba?

Era raza blanca... había caciques de esos que mandaban la guerra, al malón que hicieron y a mi abuela la encontraron tan bonita que la llevaron al cacique. Tenía quince años y ese cacique tenía seis mujeres y mi abuelita tenía que dormir con todos ellos y no hablaban nada más que el idioma de ellos. En castilla no aprendió a hablar, en mapuche, así creció mi abuelita.

 

¿Dijo alguna vez de dónde era ella?

Bueno, ella nació en Chile, pero después se vino a la Argentina.

 

¿Cómo era que se llamaba?

La abuelita... Elcira Antun Venegas se llamaba la abuelita.

 

Cuando vino ¿llegó sola de Chile?

No, se vino con los hijos... no sé cuántos, a ver (cuenta) como cinco y ellos todos están muertos.

 

¿El padre de todos esos hijos era el cacique?

No, no era.

 

¿Ella después vivió con alguien?

Sí, bueno se vino “casada”, se llamaba Cheuquepal... era chileno.

 

¿De qué parte de Chile vinieron?

Eso no sé decirle, porque no sé... así que vino con unos cuantos hijos, pero mi mamá vino a nacer acá en la Argentina. Una hija argentina nomás tenía: mi mamá, los otros eran todos chilenos.

 

¿Dónde nació su mamá?

En Epuyén, sí...

 

¿Cuántos hermanos fueron ustedes, quiénes están vivos?

Ocho hermanos, Francisca es la mayor, queda una viva más, que está en Trelew, viene de vez en cuando.

 

Debe recordar cómo nacieron ¿iban a algún lugar o en la casa?

En la misma casa, no había médico... mi abuelita cuidaba, ella era la partera, sí.

 

¿Fueron a alguna escuela en Epuyén o tuvieron que trabajar?

No, quedaba lejos la escuela, había que ir a caballo, caminando... por lo menos nosotros no conocíamos caballos, caminando siempre íbamos... pero nosotros no aprendimos a leer, nada, porque poco íbamos a escuela, quedaba muy lejos.

 

¿Y cómo se arreglaban con la comida en invierno, se aprovisionaban...?

Nada, nada... nosotros nos criamos con mucha miseria.

 

¿Tenían quinta?

Sí, pero se plantaba muy poco, no había lugar casi...

 

¿Para calentarse usaban leña entonces?

Leña nomás... teníamos fogón, teníamos una casita de pura rama, todo rama, pared todo... la puerta de ramas.

 

¿Rama o “pared francesa”?

No ahí nada... barro, también ponían barro contra la rama, el techo era de unco (Junco) lo sacaban de una parte que había un mallín. Lo cortaban y lo sacaban, cortaban con hachona... como la guadaña pero más chiquita.

 

¿Y cada tanto deberían cambiar el techo, en época de lluvia?

No, duraba mucho... nosotros estábamos acostumbrados a vivir en el humo. Se llovía todo eso, así lo pasamos. Mi papá vendía a veces soga en El Maitén para traer un poco de harina. Cinco kilos, diez kilos... costeaba tan lejos para traer un poco de harina. Que haya... no había nada que fuera trabajo, hilábamos, tejíamos, casi todo el mundo hilaba, criaban chanchos para poder vivir. Yo salía a cuidar chanchos todo el día, sin comer por cuidar a los chanchos. “Bueno vos vas a ir a cuidar chanchos, vas a comer por ahí”. Bueno quedaba cuidando chanchos, un día me quedé dormida y se me fueron mis chanchos, se me fueron a una quinta, estropearon, comieron... qué sé yo. Había unos capones gordos, como yo era el cuidador y me quedé dormida desperté y sentí los perros y salí. Mi papá me dio una laceadura, eso gané... el chancho más gordo se lo quedaron para el rancho. Yo tenía quince años cuando hacía eso. Bueno yo zapatos no conocía, alpargatas no conocía... puro tamango, tamango ese...

 

¿De cuero de potro?

De ese... lo hacía yo misma, nomás le hacía unos cuantos tientos y me envolvía el pie con arpillera, que salía antes... ese era mi calzado.

 

¿Y ropa qué hacían?

Ropa interior no conocía, así nomás... con una ropa tejida que me hacía mi mamá. Así se pasaba todo el viento y un saco que era un pedazo de arpillera, me envolvía con eso. Con eso sabía andar y mi papá me sacaba tempranito a buscar caballos. Bueno salía con el freno, encontraba el caballo y me le subía en pelo y me lo llevaba, tría el caballo para mi papá... ese trabajo todo tenía yo.

 

¿Cada mañana?

Sí, mi hermana trabajaba de niñera... sabe cuánto le pagaban por mes, diez pesos... por mes y tenía que salir a buscar leña. Le cuidaba los chicos a un policía, tenía una chiquita y después de comer iba a buscar leña.

 

¿Y qué apellido eran ellos?

Levin, de El Bolsón eran... así es.

 

¿Y comida, qué tipo de comida tenían?

Comida... muy poco, comíamos una vez al día... si encontrábamos para comer. Yo a veces terminaba un hilao y salía y me daban un puchito de harina. Eso lo cuidábamos como oro y con eso hacía una sopita mi mamá. Tortas fritas... qué vamos a conocer, ni pan; el azúcar tampoco. Nada conocíamos tampoco. Hasta que iba mi papá a El Maitén a vender alguna cosa y comíamos un poco. Los diez kilos de harina teníamos que cuidarlo mucho.

 

¿Adentro dónde hacían el fuego, qué tenían?

Fogón... poníamos unas piedras a la orillita, así... fogón nomás. Y para hacer pan lo enterrábamos en las cenizas. A veces tostábamos trigo y hacíamos ñaco, lo molíamos con una piedra...

 

¿Con qué comían el ñaco?

Con agua.

 

¿Fabricaban bebida con la manzana silvestre?

Sí, no sé... no.

 

¿Participaban de alguna fiesta religiosa, algún Camaruco o eso?

Sí, en la parte donde vivía. Había una cancha donde vivía Ramón Ñancucheo, por ahí hacían el Camaruco.

 

¿Por el lado de Cushamen?

No, en Epuyén, ahí hacían el Camaruco.

 

¿O sea que un Ñancucheo vivía allí?

Sí.

 

¿Y qué hacían, participaban o iban a mirar?

Bueno íbamos también y teníamos que entrar nosotras.

 

¿Y quién hacía el Camaruco?

Ramón Ñancucheo y había que comer de todo, llevar verduras, papas, todo... pero ahí eso era una cosa muy seria. Ahí no tiene que ir ninguno “tomadito” ni nada, no permitíamos eso. Se juntaban muchas personas y ahí estábamos nosotras también. Estaban los piwuichenes, son dos chicas que se ponen y los tres días que son de Camaruco, los tres días tienen que estar sentadas ahí.

 

¿Son chicas vírgenes, no desposadas?

Sí... y los dos muchachos del mismo porte. También que sean muchachos buenos... ponen.

 

¿Y caballos?

Caballos ponían, un alazán y un tordillo. Dos caballos ponían, al tordillo le ponían por acá una bandera, una escarapela.

 

¿De qué color?

Bueno azul y blanca.

 

¿La Argentina?

Sí.

 

¿Y pintaban a los caballos?

Los pintaban sí, los pintaban todas las partes blanco y rayas le hacían.

 

¿Las preparaban ahí a esas pinturas?

Claro, la preparaban ellos nomás, no sé con qué pero la cosa que la preparaban. Descansábamos, uno tenía que comer... todos en fila, sentados así. Todos teníamos que poner algo... son tres días. Y ahí pedían a Dios que tenía que ser buen año... que salga buen año, cuando terminó el Camaruco lo largaban a esos caballos, a ver qué va a hacer ese caballo. Los largaban para que se vayan a su lugar, porque los caballos saben cuál es su lugar y bueno... miró para atrás un caballo y dicen: “que mala seña” – “no vamos a estar bien”, dicen. Así que a ese le decían cacique y se iban, terminaba y carneaban a veces también. Carneaban el capón y vivo le sacaban el corazón.

 

¿Eso del sacrificio qué era, al primer día?

Claro, el primer día... una oveja negra y una blanca. Bueno ese corazón lo colgaban en un asador, en un gancho, lo colgaban a los dos; uno cada uno... bueno el corazón que no saltaba... ese se va a morir, ese que colgó el corazón y el que quedó saltando, ese va a vivir muchos años.

 

¿Y cómo elegían a quién iba a colgar el corazón?

No, tenía que hacerlo.

 

¿El primer día qué hacían?

Bueno teníamos que amanecer todos temprano, amanecer y seguir hasta el otro día, descansaban a las doce un rato y después seguían toda la noche. Y eso lo hacían cuando estaba por terminar la luna. En esos años tenían que hacerlo todos. Hacían el Camaruco en marzo y muchas cosas hacían. Uno llevaba unas verduras y esas verduras ponían todos en un montón, había una bandera, ahí dejaban todo, tiraban la yerba del mate ahí... todo teníamos que pedir: que tengamos verduras... todo en mapuche. Uno tocaba el cultrún... a lo mejor lo ha sentido al cultrún usted, después la pfilca... todo eso tocaban.[10]

 

¿El cultrún quién lo tocaba?

Eso tocaba una viejita que teníamos de vecina.

 

¿Cómo se llamaba?

María Saavedra.

 

¿Ella de dónde es?

Ella... Saavedra era de Comallo.

 

¿La pfilca quién la tocaba?

La pfilca la tocaban los muchachos que van pasando... porque van pasando como hacer un baile, todos agarrados.

 

¿La pfilca de qué era?

La pfilca la hacen de caña... no sé cómo la arreglan tan bien y el cultrún lo hacen de cuero de potro y lo van enroscando ahí, la viejita meta canto nomás y baile nomás... dele... nosotros hemos bailado bastante.

 

¿Me llamó la atención cómo vivían, las casas, qué otro tipo de casas había en esas épocas en Epuyén, como ser de “pared francesa”...?

Sí, las revocaban con barro, había de madera, habían tejuelas...

 

¿Y techo canoa?

No, eso no, cantonera había, que le dicen.

 

¿Han pasado algún incendio allí?

Sí, el último quemó todo el bosque... había mucha leña, laura, maitén, radales... había mucha, ahora no hay nada porque plantaron todo pino. Buscábamos leña y la traíamos al hombro, algunos tenían carreta, pero nosotros no, nosotros la traíamos acá nomás, acá nomás, al hombro, atábamos la leña y arriba.

 

¿Cuándo fue la última vez que fue a Epuyén?

Yo hace dos años fui a Epuyén... sí, anduve. Ahora está como pueblo, no hallo ningún conocido, tengo una sobrina allá. Clara Ivon Vargas.

 

¿Se reencontró con el lugar donde vivió?

Sí... donde paraba el colectivo estaba diferente. Yo ahí trabajé muchos años en esa casa, pero cuando volví no la conocí. El chofer dijo que “los que van a Epuyén que bajen”... pero yo no lo sentí, no sentí nada. Iba llegando camino a El Bolsón y le digo ¿pasamos Epuyén? –“sí, hace rato abuela”- me dijo- “si yo avisé”... bueno chofer yo le digo -no siento- no veo, ni siento- y yo le dije “déjeme acá nomás”. “No” –dice- “Cómo la voy a dejar acá... vamos a volver para atrás”. Bueno era el chofer y con todo mi bolso que llevaba iba a esperar a alguno... ahí cerca había un hombre que tenía coche... se llamaba Savaglia. “No, no” –dice- volvimos para atrás, me bajó el bolso y me dejó ahí... (en Epuyén) Y ahora dónde voy –me dije- ¿acá habrá un taxi? – “sí hay, pero muy pocos, no hay casi coches, no sé de ningún coche...” Voy a encarar un coche a una casa de una maestra, iba llegando y veo pasar un coche, le hago señas, fui a hablarle... las chicas me estaban esperando, pero como yo no bajé, las chicas no subieron al colectivo... yo no las vi. Bueno... “allá viene la tía –dice la sobrina”. Llegué en el coche, me habían perdido.

 

¿Y el lugar donde paraba el colectivo qué era, un boliche?

Un bolichito sí... de Ivón Breide, hija de Don Breide. Un boliche chiquitito.

 

¿Qué había donde usted vivió?

No había nada, campo nomás... bueno habían hecho una casa.

 

¿Encontró algún vecino conocido de esos tiempos?

Sí encontré... bueno se llama Cayupi, fui a visitarlos, tienen chicas jóvenes, tienen una quinta grande, mucha arboleda. Conocí a sus padres, a todos los conocí. Éramos vecinos.

 

 

                Mientras se trabajaba con las historias de vida de cada integrante del grupo, surgió la necesidad de recuperar la historia de una cooperativa de viviendas que originó el barrio. La mayoría de los primeros vecinos que poblaron esta área de la ciudad, provenían de una zona a erradicar llamada “Balcón del Paraíso”. Desde ese lugar nació la idea de una cooperativa, que en algunos años de arduo trabajo logró terminar un barrio de viviendas, las que hoy ocupan. Desde mucho tiempo atrás ellos sentían la necesidad de no dejar pasar esa experiencia que los marcó para siempre. Esta cooperativa fue el modelo de muchas que le siguieron. Es decir que ahí ya teníamos un tema en común para trabajar.

                Como parte de una segunda etapa del trabajo quedaría abierta la posibilidad de realizar un documental, para cuyo guión este trabajo aportaría la información contextual necesaria.

 

                                                                                                                     Ernesto Maggiori



[1] El área está a cargo de la psicóloga Viviana Traversa.

[2] Que nada tienen que ver con William Norris del segundo capítulo. Entre los administradores que siguieron a los arriba mencionados, está Luis Paine. En su interior está la Gendarmería y un correo abandonado. Cuando se formó la “Policía Fronteriza”, la compañía inglesa otorgó a disposición del cuerpo unos 400 caballos.

[3] Leopoldo González nació el 21 de octubre de 1921en el paraje “El Cajón” de Cholila, Chubut. Es hijo de los argentinos Juan González y de Amalia González. Sus abuelos eran mendocinos. Leopoldo trabajó también en “La Laurita” y “Quichaura” de las familias Braun – Menéndez. De peón rural pasó a caballerizo y luego a guardiacárcel en Rawson.

[4] Recorrí esta huella hasta el Pacífico y a mitad de su trayecto encontré una piedra escrita que desviaba el sendero hacia el Oeste y decía “Cochamó 48 kilómetros”. Según quien nos alquiló caballos, Efraín Macías de “Paso El León”, el camino estaba en ese momento cerrado por derrumbes y vegetación. La huella, que en partes subía a la “Cuesta del Indio”, estaba calzada en piedra. Este viaje lo tengo documentado e incluso realicé un mapa del trayecto. 

[5] Se trata de “1810 – 1910 La República Argentina en el Primer Centenario de su Independencia”. Ejemplar impreso para Gabino E. González, hoy en poder de su hija.

[6] N° 45, Año VII. Además allí cuenta Rosales que su padre: Rudesindo Rosales, fue quien bautizó lugares como El Bolsón; El Maitén; Cuesta del Ternero o Cañadón de la Mosca.  Nacido en Valdivia. Estaba casado con María Natividad Vázquez. Entre otros oficios fue carnicero del ejército en San Martín de los Andes. Los Rosales luego se instalaron en la orilla del Lago Futalaufquén.

[7] El general Justo fue el padre de Liborio Justo, que escribía a veces con el seudónimo de “Lobodón Garra”. Liborio fundó partidos de izquierda, fue trotskista. Se ofreció como voluntario para trabajar de obrero en Rusia, fue marinero de balleneros y vivió como ermitaño en unas islas. Fue protagonista de un escándalo público, cuando su padre en el cargo de la presidencia, justo en pleno recibimiento protocolar del presidente Franklin Roosevelt –de paso por nuestro país- escuchó el grito de “¡Muera el imperialismo Yanqui!”. Era su hijo que se había infiltrado al agasajo. Ver artículo de suplemento “Radar” en diario Página 12 del 3 de abril del 2005. Como “Lobodón Garra” existe el libro “La tierra maldita” – Eudeba- Año 1966. Casi con seguridad, el primer libro que leí sobre la Patagonia.

[8] Según Julio Traverso y Gamboa, Mario Saliva Breide. Comerciante nacido en Beirut, Líbano en 1888, había llegado al Hoyo en el año 1907, junto con sus hermanos Francisco Breide, quien se instaló con comercio de Ramos Generales en Cholila. Miguel Breide, que lo hizo en Epuyén y su primo Don Abraham Breide, que se convirtió en titular de una importante firma comercial con asiento en El Maitén.” De “Lago Puelo, un rincón de la Patria”.

[9] En el cuerpo de la Policía Fronteriza, entre 1911 y 1918, estaba Juan Ponce.

[10] Una versión más completa de un Camaruco, aparece en mi libro “Acá vamos a fundar un pueblo y se va a llamar Gobernador Costa”.  Página 142: “El Camaruco de Mallín Grande según el maestro Bonzi”.

 
REPORTAJE DEL DIARIO EL PAIS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Maggiori   
Lunes, 21 de Marzo de 2011 20:29

El vigués que conquistó la Patagonia

Un historiador recupera la figura del fundador de un pueblo en un lugar recóndito entre Argentina y Chile

JOSÉ LUIS ESTÉVEZ - Buenos Aires - 12/01/2011

El cine tiene la culpa de que asociemos la expresión "conquista del oeste" a las historias de indios y vaqueros en Norteamérica. Pero en otros países hubo otras epopeyas similares. La Patagonia argentina es, aún hoy en día, un terreno inhóspito donde sobrevivir puede convertirse en una odisea por las duras condiciones climáticas. Los inconvenientes no le importaron al vigués Rafael Beleiro, quien llegó al país austral a principios del siglo XX y terminó dando nombre a una población que prácticamente levantó con sus manos. Este mes se cumplen 101 años desde que Beleiro llegó lo que hoy se denomina con su apellido.

Rafael Beleiro dio nombre al pueblo donde montó un almacén. Ernesto Maggiori, un historiador que ha publicado varios libros sobre las colectividades de europeos que poblaron la Patagonia, ha dedicado muchas horas de estudio a la vida de Rafael Beleiro y la historia de Aldea Beleiro, un lugar ubicado en el extremo oeste de la provincia argentina de Chubut, apenas a cinco kilómetros de la frontera con Chile, en plena cordillera de los Andes. Fruto de su estudio es un libro en el que reconstruye la historia del enclave andino y traza una semblanza de su fundador. "Lo que me llamó la atención de ese lugar era saber cómo había podido nacer un pueblo en un lugar tan aislado", explica el historiador.

Rafael Beleiro procedía de la parroquia viguesa de Lavadores y llegó a Buenos Aires en 1907. Como muchos emigrantes de la época, su única referencia era una carta de sus padres para unos conocidos suyos que ya estaban establecidos en la capital argentina. Después de trabajar algún tiempo como empleado en una farmacia, Beleiro decidió viajar hacia el sur para buscar nuevas oportunidades en la zona de Comodoro Rivadavia, un lugar donde se acababa de descubrir la existencia de yacimientos petrolíferos y también había trabajo para trabajar en el cuidado de los rebaños de ovejas.

Tras esperar infructuosamente algunos meses una oportunidad para trabajar en las obras de construcción del ferrocarril, Beleiro tomó una de esas decisiones que le cambian a uno la vida. Se compró un buen caballo y puso rumbo hacia el interior de la Patagonia con la intención de aprender las tareas del campo en algún asentamiento de la zona y establecerse por su cuenta. Consiguió su propósito y fundó un almacén de ramos generales en lo que hoy es Aldea Beleiro, un lugar muy alejado de la civilización y donde resultaba necesario este tipo de establecimientos para facilitar provisiones a los colonos dispersos de la zona.

El almacén se llamaba La Hispana y en poco tiempo logró convertirse en el punto principal de abastecimiento para un área muy extensa que incluía territorios de Argentina y Chile. Los productos que se vendían en el almacén llegaban desde Comodoro Rivadavia, a unos 400 kilómetros de distancia. Beleiro se asoció con otra familia, los Pérez del Barrio, y poco a poco empezó a prosperar. Seguramente entonces no sospechaba que en ese lugar viviría el resto de sus días y nunca volvería a su Galicia natal. El lugar empezó a poblarse y, según explica Maggiori, Beleiro se convirtió en la principal autoridad. "Era proveedor, ganadero, fotógrafo e incluso se encargaba de hacer las autopsias cuando se producía un asesinato", indica el historiador. Beleiro se casó con una mujer, Matilde Vidal, que también residía en el pueblo y tuvo nueve hijos, algunos de ellos acabaron desempeñando cargos directivos en el pueblo. La vida no era fácil en aquellas primeras décadas del siglo XX en un lugar apartado del mundo donde llegan a registrarse temperaturas de 20 grados bajo cero. Como en las mejores películas del oeste, Beleiro tenía varias armas de fuego debajo del mostrador de su almacén. Maggiori señala que los grandes terratenientes que se habían instalado en la Patagonia no sentían simpatía por este tipo de establecimientos que podían llegar a poner en peligro su dominio, por lo que enviaban a pistoleros a sueldo para amenazar a los colonos.

Aunque no hay constancia documental sobre los incidentes, al parecer Beleiro se vio implicado en diversos tiroteos. Incluso Eladio, uno de los hijos de Beleiro, explicó a Maggiori que su padre había conocido al famoso forajido Butch Cassidy, quien escapó desde Estados Unidos a Patagonia a principios de siglo.

Beleiro falleció en 1986 y está sepultado en el cementerio local, pero su impronta permanecerá para siempre en un lugar donde todavía viven varios de sus descendientes.

Más información: Fotografía: Rafael Beleiro, conquistador de Patagonia

Otras ediciones

Publicado en Edición Impresa

 
EMPRESARIOS ALEMANES EN EL FERROCARRIL COMODORO RIVADAVIA - COLONIA GENERAL SAN MARTÍN PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Maggiori   
Lunes, 21 de Marzo de 2011 20:17

 

                La inclusión de la Patagonia al orden económico mundial determinó que los Imperios que controlaban los mercados internos y externos se posicionaran por éste importante espacio geográfico.

Hacia mitad del Siglo XIX, dos Imperios siempre en guerra como lo fueron Gran Bretaña y Alemania comenzaran a ocupar tierras hacia ambos lados de la cordillera. Si del lado chileno la colonización alemana prosperó, se fortaleció y fundó industrias; en el Territorio Patagónico argentino todo intento organizado de colonia alemana fue sistemáticamente boicoteado.  Es como si la Patagonia hubiera sido repartida: del lado de Chile los alemanes y del lado argentino los británicos. Los primeros intentos de asentar colonos alemanes en proyectos de colonias en Neuquén y Río Negro, en Chubut y Santa Cruz fracasaron; mientras que los capitales británicos se unían y prosperaban, conformaban sociedades privadas y evitaban el requisito exigido por la Nación de radicar colonos. Así mientras “The Argentine Southern Land. Co.” llegó a poseer casi un millón de hectáreas solo en territorio patagónico, de parte de Alemania solo quedarían las grandes firmas comerciales exportadoras de lanas y los intentos aislados de colonos con proyectos individuales. Esta puja de poderes imperiales no se centraba solamente en captar el mercado lanero interno, sino que a su vez buscaba crear la infraestructura necesaria para llevar adelante sus redes comerciales. Británicos y alemanes fundaron puertos y ciudades. Los británicos controlaban los puertos de Ingeniero White, Puerto Madryn y desde Puerto Deseado, todos lo que estaban situados hacia el Sur, mientras que los alemanes fundaron los de San Antonio Oeste, Camarones, Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia y San Julián.

Cotejando documentos de época llegamos a la conclusión que Comodoro Rivadavia fue fundado por el alemán Juan Plate. Una carta que en su oportunidad me enviara Alfredo Plate y que está en mi archivo personal, al mencionar los proyectos de su abuelo dice lo siguiente:

“Una vez instalado en su campo comenzó a buscar una salida para los productos del mismo, siendo ese el principal problema que se le presentaba ya que no había nada y estaban instalados en sus estancias excluidos del mundo. Fue así que comenzó a explorar diferentes alternativas para dar solución a esos problemas. Buscó en un primer momento una salida al Pacífico. Con ese objeto cruzó la Cordillera a la altura de Aysén en catango tirado con bueyes.

En Aysén se embarcó en un vaporcito con el cuál estuvieron a punto de naufragar y exploró las rías y costa chilena. Fue ahí que se convenció que la salida al Pacífico para lo que él buscaba representaba una opción carente de sentido.

De regreso a Buenos Aires se dedicó junto con otros a buscar una solución integral a los problemas mencionados más arriba. Surgió así el proyecto de construir una línea de ferrocarril que partiendo de Bahía Blanca llegara hasta la Cordillera y luego hiciera el recorrido al pie de la misma pasando por lo que hoy es Esquel y continuando luego hacia el Lago Buenos Aires a la altura de Puerto Deseado en Santa Cruz. Esta línea troncal debía empalmar con tres ramales, uno desde Puerto Madryn, otro desde Comodoro Rivadavia (pueblo que aún no existía) y el último desde Puerto Deseado.

En épocas posteriores al relato que efectúo se concretaron solamente los tres ramales que partían de Madryn, Comodoro Rivadavia y Deseado, quedando todos truncos a mitad de camino y sin lograr lo más importante que era el empalme con la línea troncal que debía avanzar desde el Norte.

En la época de los radicales se compraron partes de un ferrocarril  que se iba a construir en el Congo Belga, proyecto que en ese lugar no se concretó acabando esos elementos entonces en las vastedades patagónicas. Se trató de un emprendimiento carente de sentido ya que la trocha no coincidía con los demás, quedando entonces condenado el fracaso desde el inicio. Se trata por supuesto, de la hoy célebre “Trochita” que solo tiene valor turístico.

Los proyectos de mi abuelo y de quienes lo acompañaban, entre ellos el Perito Francisco Moreno iban sin embargo mucho más lejos. Dado que Juan Plate pudo comprobar que la salida al Pacífico no era viable, resolvieron crear un puerto sobre la costa del Atlántico, dando lugar así a la fundación de Comodoro Rivadavia. Esta tarea estuvo a cargo de mi abuelo, siendo él mismo secretario ejecutivo de la comisión creada para ese fin, y habiendo fijado su sede en su oficina de la calle Defensa, en Buenos Aires.”

 

                                                                   Alfredo Plate a Ernesto Maggiori – 15 de julio de 2002 -   

 

Como hace referencia en esta carta, algunas de estas fundaciones incluían proyectos de ferrocarriles con capitales alemanes, según Joaquín Hardt, otro nieto de Plate que entrevisté en Bariloche me relataba que en el año 1900 Juan Plate formó parte de la sociedad “Ferrocarril Sud Argentino”. Cuando éste emprendedor alemán funda Comodoro Rivadavia incluyó el tramo de vías que uniría la costa atlántica con el interior del Territorio, en donde varios empresarios alemanes poseían importantes inversiones; uno de ellos fue Guillermo Staudt en el Valle del Genoa.[1]

La historia de Juan Plate y la de Guillermo Staud aparecen en mi libro sobre Gobernador Costa, pero no es la intención de éste artículo quedarse en lo ya editado, sino seguir contribuyendo con más documentación a la historia regional, llamativamente dejada casi de lado, o siendo muy poco valorizada en la misma ciudad que Plate fundó.

La estrategia de estos alemanes en posicionarse en estos puertos tuvo varios episodios muy interesantes, en mi libro “Voces de un pasado todavía presente” relato cómo sucedió esto en Puerto Deseado a instancias del Cónsul Imperial Rodolfo Stubenrauch y su socio y empleado Severino Amelung; fundadores además de la firma Argensud en el territorio de Santa Cruz.

Lo mismo sucederá en Comodoro Rivadavia pero a través de gestiones realizadas por gente pobladora del valle del Genoa. Así que revisando documentación del Ministerio de Interior aparecieron nuevas referencias que probarían que el empresario Staudt poseía un importante terreno ubicado en la Manzana N° 12 del pueblo de Comodoro Rivadavia. Luego del descubrimiento del petróleo el terreno sería expropiado por el Estado para la construcción de los edificios del ferrocarril.

El proyecto de Juan Plate para el Ferrocarril no tuvo apoyo gubernamental alguno y la sociedad lamentablemente se disolvió. Juan Plate quedó con la totalidad del relevamiento y el proyecto en su poder.

El alcance de vías original pasaría por sus tierras y terminaba en Colonia General San Martín. Allí debía unirse al ramal que vendría desde el Sur y que llegaría a Esquel. Proyecto que además pagó de su propio bolsillo.

Previendo la importancia del ferrocarril algunos terrenos céntricos de Comodoro Rivadavia quedarían en poder de Artemisio Casarosa y de Staudt, ambos con estancias en las cercanías de Gobernador Costa. El trazado de vías aún puede encontrarse en antiguos planos del Departamento Tehuelche, allí es posible encontrar dos reservas para estaciones, una al Norte de la Colonia Valentín Sayhueque, Lote 181 en ese entonces a nombre de José Mihler y la otra un poco antes del “Pueblo L. Costa” en donde estaba situada la vieja comisaría.

Al descubrirse petróleo, el interés desde el Estado en invertir en ésta ciudad cambió y renovó el interés por el ferrocarril que fue tomado en cuenta; entonces se utilizaría el mismo relevamiento de Juan Plate, pero solo hasta la localidad de Sarmiento.

Enseguida se pensó en la construcción de la estación central, en el espacio de vías para llegada como en el área de carga y descarga. Todos los terrenos del área fueron evaluados y rápidamente cayeron en la mira los que pertenecían Staudt. Era el Lote “C” de la Manzana N° 12 que para entonces éste empresario alemán mantenía con una construcción de chapa y madera.

Cuando la llamada “Empresa de la Construcción del Ferrocarril de Comodoro Rivadavia a Lago Buenos Aires” decide expropiar el terreno, será Belarmino Menéndez quien hará el peritaje de la construcción existente para determinar su valor. Pero cuando llega la sentencia de expropiación dictada por el Juez de Paz del Territorio, Sr. Luis Navarro Careaga, el empresario Staudt cuestiona el escaso valor adjudicado y no acepta el precio. Por la empresa del ferrocarril aparecen en estos documentos un tal Robert Woolff y el constructor Alberto Schwartz.

Luego de algunas reuniones finalmente se llega a un acuerdo por el precio. En 1913 el empresario acepta la propuesta y dispone un Poder de Venta a nombre de L. Valdivia para que se ocupe de las gestiones por su terreno en Comodoro Rivadavia. El precio al que se llega con intereses es de 1.160, 40 pesos. Testigos locales de la venta serán Carlos M. Estévez y Ernesto Pérez. Aclarando que el pago debía hacerse en el Banco Nación a nombre de “Staudt & Cía.” con domicilio legal en Capital Federal.

En 1908 fue sancionada la ley que autorizaba la construcción del ferrocarril y el 16 de septiembre del mismo año se iniciarían los primeros trabajos; casi toda la mano de obra fue extranjera.

Mientras que en el actual barrio Presidente Ortiz se levantaban oficinas, depósitos y galpones; los 198 kilómetros totales de vías entre Colonia Sarmiento y Comodoro Rivadavia demandarían cuatro años más de trabajos. El edificio ubicado en el casco céntrico de la ciudad se comenzó a construir en 1910 y demandó dos años de esfuerzo constructivo hasta quedar terminado. El ferrocarril determinó además la búsqueda y excavación de pozos de agua a lo largo del trayecto.

En 1911 las vías llegaron a la estación Cañadón Lagarto, un año más tarde a la localidad de Sarmiento. Hasta 1917 los ferrocarriles de los Territorios Nacionales seguían funcionando con las cuentas a favor. En el semanario “Territorios Nacionales” se publicaban estadísticas que daban cuenta de ello. Estas cifras usualmente correspondían  al acotado registro de una semana y se la compraba con el mismo período en el año anterior: Considerando los ingresos de las localidades de San Antonio Oeste, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y Formosa, lo producido por estas líneas alcanzaba la cifra de $ 410.527 pesos moneda nacional superando al año anterior por el valor de $ 71.151.

En 1921 las autoridades políticas de la ciudad de Comodoro Rivadavia se preocupaban en evaluar el costo para el traslado de piedra por ferrocarril entre Cerro Negro y la ciudad. Mientras tanto ya las autoridades impedían que las carretas de lana llegaran a la costa. Las grandes carretas que trasladaban las cosechas de lana de la campaña debían llegar a Cañadón Lagarto. De esta manera el traslado final se haría en ferrocarril, quizás esto operaba de algún modo en perjuicio económico de la agrupación “Carreros del camino” que en esa estación tenían su sede, pero sí en beneficio del mismo ferrocarril. 

En el año 1945 el Estado nacional confisca varias empresas industriales extranjeras, la mayoría de ellas de capitales alemanes. Para 1946 los ferrocarriles privados se encontraban en una crisis total. Sus dueños, en su mayoría británicos se encontraban frente a dos posibilidades: la conformación de una empresa mixta con el Estado o la venta. En la empresa mixta esperaban que el Estado realice las inversiones necesarias para renovar el parque rodante y la infraestructura y por supuesto, ellos asegurarse las ganancias como gerenciadores. Es decir socializar las pérdidas y privatizar los beneficios. Cabe en este contexto preguntarse por qué atravesando los yacimientos petroleros –un caso casi único en el mundo- nunca se utilizó el ferrocarril para trasladar personal y equipos. El mismo razonamiento utilizado en el caso de los carreros pero al revés, una manera de ingresar beneficios inesperados pero cuantiosos tratándose de petróleo. 

                La nacionalización de los ferrocarriles había sido expresada en 1940 por el entonces Ministro de Hacienda Federico Pinedo. Este funcionario además era abogado de las mismas empresas ferrocarrileras británicas. No debe asombrar entones que este tipo de “funcionarios”  que representaban sin disimulo los intereses privados, como supuestamente los públicos, hablara de la “nacionalización” como una verdadera compra encubierta. En el desenlace final de las negociaciones intervino el general Peón y Juan Atilio Bramuglia. Los británicos presionaban en las negociaciones con las libras esterlinas que ellos mismos adeudaban al Estado argentino y que estaban retenidas en sus bancos. Así y todo la venta se negoció, se redujo el precio a 280.000.000 libras esterlinas, se estableció el cobro de la deuda y hasta se elaboró un convenio comercial en el que estaba incluido el tema de la exportación de carne.

                El 18 de noviembre de 1946 el Gobierno nacional adquirió las compañías de ferrocarriles francesas y el 13 de febrero de 1947 se suscribió el convenio de venta de las empresas ferroviarias de capital británico. 

Entre las empresas que el Estado adquirió en 1947 durante la presidencia de Perón, estaban entonces las empresas ferroviarias inglesas; la Compañía Ferrocarrilera de Petróleo que estaba en el Kilómetro 8 de Comodoro Rivadavia, la empresa –de capitales británicos- formó parte de todo este traspaso.[2]

 A pesar de quedar en manos del Estado, pasaría un tiempo hasta que la empresa fuera transferida a la Dirección Nacional de Industrias del Estado, conocida como DINIE. Por un tiempo esta empresa perteneció al Ministerio de Transporte, pero los desprevenidos funcionarios se encontraron con la sorpresa que además era productora de petróleo, entonces se traspasó al Ministerio de Minería. Cosas de este país.

La clausura del ramal ocurrió en 1978 durante la Dictadura Militar. La justificación oficial era económica; en esos años todo pasaba por imponer un impopular programa económico y las Fuerzas Armadas apoyaron esto sin cuestionamientos, sin embargo la Deuda Externa se extendería a niveles nunca vistos en el país. Algunos ciudadanos todavía se preguntan por qué nunca se utilizó este importante medio de transporte para trasladar personal, insumos, herramientas y materiales hacia los grandes yacimientos petrolíferos de las empresas que operaban en su trayecto.

 

                                                                                                          Ernesto Maggiori

 

 



[1] Pocos historiadores se han dado cuenta de la importancia de éste grupo de empresarios en el Territorio. Algunos escritores locales se ocuparon del ferrocarril muy superficialmente y olvidaron incluir el proyecto Juan Plate – Kalman. 

[2] Existe un  trabajo de mi autoría sobre la Historia de la Compañía Ferrocarrilera de Petróleo sin editar.

 
La campaña de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial contra los alemanes residentes en América Latina PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ernesto Maggiori   
Lunes, 17 de Enero de 2011 21:37

Durante la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos aplicó una política exterior contra los residentes alemanes en América Latina que no solo vulneró las leyes nacionales e internacionales, sino que perjudicó y arruinó la vida de miles de ciudadanos alemanes que residían pacíficamente y se habían integrado a los procesos culturales y económicos de los países que habían elegido para llevar adelante sus vidas y sus empresas. Está errada política exterior de los Estados Unidos, es una muestra más la incapacidad de los funcionarios y de los servicios de inteligencia para comprender a la gente y los países en donde intervienen. Podemos expresar esto claramente y de esta manera, porque en éste tema, así lo reconocieron unos pocos -excepcionales- funcionarios de la administración norteamericana, que en todo momento demostraron no estar de acuerdo con las decisiones tomadas por su propio gobierno en ese contexto.[1]

 

Última actualización el Lunes, 17 de Enero de 2011 21:45
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